Habla el Amado Maestro Ascendido El Morya
Cuando los Dioses Padres (Helios y Vesta – Dios y Diosa del
Sol) dieron al cuidado de los Siete Grandes Elohims – los Amados Hércules,
Cassiopea, Orión, Claridad (Elohim de la Pureza) Vista (Ciclópea), Tranquilidad
(Elohim de la Paz), y Arturo, junto con sus Complementos Femeninos - la
responsabilidad de la creación de un globo habitable, sobre el cual ciertos
Espíritus Inteligentes pudieran evolucionar hacia la Divina Perfección, los
Elohims proyectaron desde la Luz de Sus propios Corazones, los Rayos convexos
que formaron la cuna o matriz para la Tierra. En el lugar donde estos Rayos
Masculino y Femenino se reunieron, el Átomo Permanente para la Tierra fue formado. Este Átomo
contenía dentro de sí mismo el magnético poder mediante el cual la Sustancia de
Luz Universal fue atraída hacia esta forma esférica, y con la cooperación de
los Constructores de Formas, los Devas de la Naturaleza y los Directores de las
Fuerzas de los Elementos, el mar, la tierra y la atmósfera llegaron al ser, con
el Fuego Cósmico interpenetrando todo.
Un Día Cósmico, el trabajo de Creación fue completado, y los
Eloha hicieron conocer a los Dioses Padres, Helios y Vesta, (el Sol de este
Sistema) que el planeta Tierra estaba listo para ser habitado. A tres distintos
tipos de vida inteligente – Ángeles, hombres y elementales – se les dio la
oportunidad de desarrollar su Naturaleza Divina en esta pequeña Estrella, cada
uno contribuyendo, en alguna manera, al bienestar y progreso de los demás, y su
combinada fuerza de vida fue ordenada a
entretejer el Puente Espiritual para atar la Tierra al Corazón de Dios.
Como los bondadosos y amorosos padres se preparan para la
llegada de un niño esperado, mucho antes del advenimiento del infante al plano Tierra,
así los Dioses Padres se prepararon para custodiar, sostener y proteger a las
vidas que serían convocadas para vivir y evolucionar en esta Estrella.
A la humanidad se le daba así la oportunidad de experimentar
con los centros creativos de pensamientos y sentimientos, y aprender a traer y
moldear energía dentro de hermosas formas, volviéndose co-creadores con sus
Dioses Padres, y con el tiempo, constructores de Soles y Estrellas de su
propiedad, en el siempre más amplio círculo del ritmo de vida.
Para sostener los cuerpos de la humanidad, el reino
Elemental fue enviado hacia la Tierra, cargado con el fiat de OBEDECER a todas
las direcciones del hombre – hacer para
él “trajes de carne”, mantener estos en reparación, y materializar más allá de
la sustancia original de la Tierra, agua, aire y fuego, la nutrición para la
restauración - y volver a llenar sus cuerpos y las necesidades y lujos que
pudieran convertir a este exilio, un feliz y armonioso lugar.
Estos Elementales fueron puestos bajo la dirección de los
grandes Devas de la Naturaleza y Constructores de Forma, y mientras ellos
servían a la humanidad de la Tierra les fue prometido que, mediante su
evolución, serían, en el futuro, los Directores de la vida elemental dentro del
Reino.
Para cuidar y nutrir la naturaleza espiritual de la
humanidad, y ayudar a desarrollar la chispa interna de Divinidad dentro de la
Llama de conciente Maestría, la Hueste Angélica fue enviada a la Tierra para
estar al lado de la humanidad – irradiando el Amor, la Fe, y la Voluntad del
Padre hacia la atmósfera y aura de la Divina Conciencia de todo hombre en
evolución.
La Hueste Angélica estaba bajo la dirección de los Siete
Grandes Arcángeles que vinieron desde el Sol Central de nuestro Sistema y
moraron dentro de nuestro Sol físico, hasta que los Eloha hubieron preparado
los planetas, que estarían a Su cargo, más allá del original y no formado
Cuerpo de Luz de Dios. A la Hueste Angélica, a través de la asociación con la
humanidad, y al Reino Elemental, se le prometió que Ellos, con el tiempo,
podrían obtener el estado de Arcángeles y volverse los Poderes Guardianes en
sistema de mundos aún no nacidos de la Conciencia de futuros Señores Solares.
Cuando el Reino Elemental hubo hecho surgir el la verde en
la Tierra con producciones y belleza, y el Reino Angélico colmado la atmósfera
con la estimulante esencia de Divinidad, el planeta estuvo preparado para la
hermosa ceremonia, mediante la cual se le dio la bienvenida a la humanidad, a
la hospitalidad de un nuevo teatro de evolución, colmado de oportunidades,
promesas, y plenitud. Entonces el descenso del hombre hacia el mundo de forma
tuvo lugar – una ceremonia cuyo recuerdo está escrito para toda la eternidad en
la sensitiva sustancia de Akasha, y que será revitalizada y revivificada un día
para el gozo y educación de toda la humanidad.
La Divinidad cargó el Rayo Dirigido dentro del Átomo
Permanente, que tenía el magnético poder de sostener a las corrientes de vida
destinadas a evolucionar dentro de la órbita del planeta.
Los grandes Devas de la Naturaleza de cada montaña, mar y
planicie vivificaron la Ola de Vida a través de abundantes regalos verdes de la
Naturaleza esperando la llegada del hombre.
La Hueste Angélica permaneció visible y tangible sobre la
superficie de la Tierra mirando hacia arriba, mientras las Puertas del Cielo se
abrieron y el Primer Rayo, en una explosión de Música Celestial, se extendió
por los Cielos con su amoroso Azul Celeste y luego formó un radiante sendero
desde el Corazón del Sol hasta el planeta Tierra, sobre el cual los primeros
hijos de los hombres pudieron, en dignidad, descender en encarnación.
Luego, ante los silentes ojos de los Testigos y Visitantes
de otros planetas y sistemas, apareció desde las abiertas Puertas del Cielo, la
Presencia del Príncipe de la Hueste Celestial, EL SEÑOR MIGUEL, el Arcángel,
usando la Corona de la Inmortalidad, investido con la Luz del Sol Central,
desde cuyo seno había venido para proteger y guiar a los hijos de la Tierra a
través de centurias de experiencia en la vida aún a venir. La propia Tierra
comenzó a cantar su Canción Cósmica, la Hueste Angélica vertió Su alabanza ante
Su Presencia a la llegada de Su Señor, los Devas y Constructores de Formas se
unieron a este Himno Espiritual con su majestuosa armonía y las Hermanas Planetarias de nuestro sistema añadieron a la
sinfonía de sonido celestial.
El Arcángel Miguel - Hijo del Rey de Reyes, Ángel de la
Resurrección de la Divina Naturaleza en Ángel, hombres y elementales - llegó
para asegurar el retorno de todo hijo de hombre, de todo Ángel y de todo
elemental cuando finalizara el Día Cósmico.
Luego comenzó el gran Descenso – el Señor Miguel llegando a
la Tierra, a lo largo del Rayo de Fuego Azul, que fue anclado en la vecindad de
nuestra actual Cordillera de Montañas Rocallosas, en el noroeste de Estados
Unidos de América. Detrás de Él, con lenta, majestuosa Gracia, llegó el Señor
Manu de la Primera Raza Raíz, una Corona de siete puntas sobre Su cabeza, un
manto Azul Real en Sus hombros – la encarnación del Diseño de Dios Padre para
todas las corrientes de vida que lo seguían inocentemente hacia el mundo de
forma.
Después comenzó el descenso de los “Inocentes” – el primer
grupo de la humanidad, al que se le daba la oportunidad de encarnar y
desarrollar la Madurez Divina sobre la Tierra. Uno por uno, mano sobre mano,
ellos vinieron, siguiendo al Señor Miguel y al Manu, hasta que todos los
designados por el Padre para este primer experimento en formas Terrenales
hubieron descendido – acompañados por miríadas de Ángeles Guardianes, la
Protectora Aura de los Serafines, y la Luz de las Huestes Querúbicas, quienes
llevaban la atmósfera del Cielo en Sus brillantes cuerpos y refulgentes auras
envolviéndolos.
Así, en gran belleza e ilimitada abundancia, ante la
visible, tangible presencia del Señor Miguel y la Hueste Angélica, y bajo la
bondadosa custodia del propio Señor Manu, la Primera Edad Dorada llegó y fue
disfrutada por los hijos de los hombres. Al final del Ciclo, ellos fácil y
armoniosamente siguieron a su Manu por la Escala de Evolución hacia su Divino
estado – la Ascensión – y la tardecita y la mañana fueron el Primer Día
(Génesis 1:5)
A través de los siguientes ciclos de tiempo, mientras Rayo
tras Rayo proveía el Sendero para el descenso de nuevos espíritus, el Señor
Miguel ha permanecido como el Guardián Principal de la Hueste Angélica para la humanidad
de la Tierra y del reino Elemental, y Él no plegará sus Alas Cósmicas, ni
retornará a CASA, hasta que el último Ser Angélico sea liberado, el último
hombre sea redimido, y el último elemental sea retornado a su perfecto estado.
Este es el Amor del Señor Miguel, Quien, como muchos otros, es un prisionero
del Amor para la Vida que sirve. ¡Tres veces bendito sea su Sagrado Nombre!
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